From Economic Inclusion to Systemic Transformation

In the savings groups of economic inclusion programs, women have found a safe space to receive support from their peers on personal, social, and economic matters.

But these spaces not only help strengthen their individual autonomy—they also have a positive impact on their households and communities. By offering a trusting environment, savings groups allow women to challenge the social and cultural norms that perpetuate gender inequality, thereby promoting transformative change in their lives and communities.

Gender-transformative change and collective empowerment are key to creating real social and economic transformation. And in savings groups, women not only manage to build up their financial resources but also build collective autonomy and challenge the numerous social norms that have historically limited their agency.

From Savings Groups to Shared Purpose

Far from being merely a place to build a financial strategy, savings groups have become spaces where women share knowledge, build mutual trust, and begin to shape a shared sense of purpose. Decision-making in these groups is not experienced as an individual act, but as part of a collective process, which strengthens women’s autonomy through solidarity.

The FUERTE project (2022–2025) demonstrated that one of the most powerful elements of Graduation Programs and other economic empowerment approaches is the creation of a shared purpose around saving. Saving is not just viewed as a financial practice, but as an act of collective empowerment. When women come together in savings groups, they are not only accumulating money, they are also reinforcing their sense of agency and creating trusted spaces that help shift power dynamics in their lives.

What the project revealed is that when saving is experienced as a shared purpose, it becomes a transformative force that goes beyond economics. In savings groups, the act of deciding together how much to contribute and how to manage the funds creates a form of self-governance that enhances women’s agency. These spaces become environments where financial decision-making is interwoven with the opportunity to express concerns, share knowledge, and set common goals.

As women build autonomy and confidence, many begin to make decisions that impact not only their family’s economy, but also community life: organizing collective activities, setting up market spaces, supporting peers facing violence, or even engaging with local authorities. In this way, saving is redefined as a political practice in the best sense—a way to shape a more just, supportive, and equitable environment through everyday actions.

Scaling Inclusion by Shifting Power and Reimagining Systems

It is crucial that, when assessing the impact of these programs, we consider how intersectionality, cultural norms, and power dynamics affect not only individual women, but entire communities and territories. A single change in one woman’s agency can trigger deep transformations within her family and across broader community structures. This integrated approach—which recognizes the connection between the personal, the familial, and the communal—allows us to go beyond immediate, tangible outcomes and envision how gender-transformative programs can reshape the social and political life of a territory. Clearly, the ability to scale economic inclusion programs like FUERTE will inevitably require linkages with broader territorial initiatives, institutions, and programs.

At Trickle Up, we recognize the importance of continuously evaluating and adapting these approaches to ensure they not only improve women’s lives, but contribute to a systemic transformation that benefits all of society. This kind of change goes beyond the economic realm—it requires a profound reconfiguration of power relations, gender roles, and social dynamics within each territory.

The experiences of women in the FUERTE project show us that transformative change is not a static outcome, but a collective process rooted in trust, expression, and shared agency. What more can we learn if we listen closely to the silences that once concealed inequality? What new possibilities emerge when a woman not only improves her economic situation, but begins to see herself as a leader, advisor, or advocate for justice in her community? And finally, how can we ensure that this kind of transformation does not rely solely on temporary projects, but is embedded in the policies, budgets, and institutional structures that shape our societies?

These questions urge us to continue walking alongside women, recognizing that true transformation begins where dignity, determination, and community are woven together.

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De la Inclusión Económica a la Transformación Sistémica

En los grupos de ahorro de los programas de inclusión económica, las mujeres han encontrado un espacio seguro para recibir apoyo de sus compañeras en temas personales, sociales y económicos.

Pero estos espacios no solo ayudan a fortalecer su autonomía individual, también tienen un impacto positivo en sus hogares y comunidades. Al ofrecer un entorno de confianza, los grupos de ahorro permiten que las mujeres cuestionen las normas sociales y culturales que perpetúan la desigualdad de género, promoviendo así un cambio transformador en sus vidas y comunidades.

El cambio transformador de género y el empoderamiento colectivo son claves para generar una verdadera transformación social y económica. Y en los grupos de ahorro, las mujeres no solo logran aumentar sus recursos financieros, también construyen autonomía colectiva y desafían las numerosas normas sociales que históricamente han limitado su agencia.

De los Grupos de Ahorro a un Propósito Compartido

Lejos de ser solo un espacio para diseñar una estrategia financiera, los grupos de ahorro se han convertido en lugares donde las mujeres comparten conocimientos, construyen confianza mutua y comienzan a forjar un sentido compartido de propósito. La toma de decisiones en estos grupos no se vive como un acto individual, sino como parte de un proceso colectivo, lo cual fortalece la autonomía de las mujeres a través de la solidaridad.

El proyecto FUERTE (2022–2025) demostró que uno de los elementos más poderosos de los programas de Graduación y otros enfoques de empoderamiento económico es la creación de un propósito compartido en torno al ahorro. Ahorrar no se ve solo como una práctica financiera, sino como un acto de empoderamiento colectivo. Cuando las mujeres se reúnen en grupos de ahorro, no solo están acumulando dinero, también están reforzando su sentido de agencia y creando espacios de confianza que ayudan a cambiar las dinámicas de poder en sus vidas.

Lo que reveló el proyecto es que, cuando el ahorro se vive como un propósito compartido, se convierte en una fuerza transformadora que va más allá de lo económico. En los grupos de ahorro, el acto de decidir juntas cuánto aportar y cómo gestionar los fondos crea una forma de autogobernanza que potencia la agencia de las mujeres. Estos espacios se transforman en entornos donde la toma de decisiones financieras se entrelaza con la oportunidad de expresar inquietudes, compartir saberes y establecer metas comunes.

A medida que las mujeres construyen autonomía y confianza, muchas comienzan a tomar decisiones que impactan no solo la economía de sus familias, sino también la vida comunitaria: organizan actividades colectivas, crean espacios de mercado, apoyan a compañeras que enfrentan violencia, e incluso se relacionan con autoridades locales. De esta manera, el ahorro se redefine como una práctica política en el mejor sentido: una forma de construir, desde las acciones cotidianas, un entorno más justo, solidario y equitativo.

Escalar la Inclusión Cambiando el Poder y Reimaginando los Sistemas

Es fundamental que, al evaluar el impacto de estos programas, consideremos cómo la interseccionalidad, las normas culturales y las dinámicas de poder afectan no solo a las mujeres individualmente, sino también a comunidades y territorios enteros. Un solo cambio en la agencia de una mujer puede desencadenar profundas transformaciones dentro de su familia y en las estructuras comunitarias más amplias. Este enfoque integrado—que reconoce la conexión entre lo personal, lo familiar y lo comunitario—nos permite ir más allá de los resultados inmediatos y tangibles, y visualizar cómo los programas transformadores de género pueden reconfigurar la vida social y política de un territorio. Está claro que la capacidad de escalar programas de inclusión económica como FUERTE requerirá inevitablemente vínculos con iniciativas territoriales más amplias, instituciones y programas.

En Trickle Up, reconocemos la importancia de evaluar y adaptar continuamente estos enfoques para garantizar que no solo mejoren las vidas de las mujeres, sino que también contribuyan a una transformación sistémica que beneficie a toda la sociedad. Este tipo de cambio va más allá del ámbito económico: requiere una profunda reconfiguración de las relaciones de poder, los roles de género y las dinámicas sociales dentro de cada territorio.

Las experiencias de las mujeres en el proyecto FUERTE nos muestran que el cambio transformador no es un resultado estático, sino un proceso colectivo basado en la confianza, la expresión y la agencia compartida. ¿Qué más podemos aprender si escuchamos con atención los silencios que antes ocultaban la desigualdad? ¿Qué nuevas posibilidades emergen cuando una mujer no solo mejora su situación económica, sino que empieza a verse a sí misma como líder, consejera o defensora de la justicia en su comunidad? Y finalmente, ¿cómo podemos asegurar que este tipo de transformación no dependa únicamente de proyectos temporales, sino que se integre en las políticas, presupuestos y estructuras institucionales que moldean nuestras sociedades?

Estas preguntas nos impulsan a seguir caminando junto a las mujeres, reconociendo que la verdadera transformación comienza donde la dignidad, la determinación y la comunidad se entretejen.

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Margherita is an international relations and gender specialist deeply committed to human rights advocacy. She has ten years of experience in international cooperation and development. Originally from Italy, she has worked in Pakistan, Colombia, and, since 2018, Mexico, which she now calls home. Margherita specializes in gender equality, migration, and community development. She has studied […]

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