Financial Health in an Uncertain World: From Individual Resilience to Systems Change

What does financial health mean in a world where families are navigating rising living costs, climate shocks, economic volatility, and increasingly uncertain futures?

That was the question at the heart of “Financial Health in an Uncertain World,” a UN General Assembly side event co-hosted by Trickle Up, MetLife Foundation, and Fundación MetLife México on September 17. Leaders from philanthropy, government, financial services, research, and civil society came together to explore how we can move beyond financial access toward meaningful, lasting financial wellbeing, particularly for women living in poverty.

Across the conversation, one message came through clearly: building financial health requires more than individual resilience; it requires stronger systems.

5 Key Takeaways from the Conversation

1. Access to financial services is only the starting point.

For years, financial inclusion has focused on whether people can access services such as bank accounts, credit, and insurance. These remain important, but Tia Hodges, Head of Corporate Giving & Employee Volunteerism at MetLife and President and CEO of MetLife Foundation, emphasized that financial health means having the ability to manage day-to-day finances with confidence, recover from unexpected shocks, and plan for the future.

2. Resilience cannot be an individual responsibility.

A woman can save and plan for the future, but what she experiences after a disaster strikes also depends on the ecosystem around her. Can she access emergency finance? Do markets continue to function? Do social protection systems respond? As the panelists highlighted, individual resilience and systemic resilience are deeply connected.

3. Stable income is fundamental to financial health.

Financial products cannot address every barrier to financial security. Gabriela Zapata of BFA Global put it simply: “Stable income is a prerequisite for financial health.” For people living with low or volatile incomes, building financial health requires approaches that strengthen livelihoods alongside financial capability and access to relevant products.

This is central to Trickle Up’s work. Lauren Hendricks, President and CEO of Trickle Up, noted that the women the organization works with “are very aware of the risks they face daily.” The goal is to equip them with the tools to manage those risks and grow “from a place of strength and stability.”

4. We need to move from individual programs to systems change.

Successful economic inclusion programs can demonstrate what works, but lasting resilience requires stronger ecosystems. Alfredo Esparza, President of Fundación MetLife México, raised the question of how to move “from individual initiatives to scalable solutions.”

For Trickle Up and its partners, this means taking lessons from programs such as CRECE in Mexico and Colombia and thinking about how they can contribute to broader systems that support women’s economic inclusion and financial health, either via expanding partnerships with peer organizations, connecting with local governments to influence policy changes, or otherwise. Nalleli Garcia, Director of Fundación MetLife México, underscored the point: “One intervention or project alone is not going to create resilience.”

5. The people closest to the challenges need a voice in shaping solutions.

Organizations working directly with communities have an important role to play in bringing women’s experiences and knowledge to policymakers, financial institutions, and other decision-makers.

Garcia described Trickle Up as a potential “bridge” between women in communities and the organizations and governments that need to hear their perspectives. Gabriela Zapata similarly emphasized that Trickle Up’s deep knowledge of women’s financial lives should be shared more broadly in order to teach peer organizations how to carry out effective economic inclusion programming, to serve as a magnifying effect for these efforts.

A Shared Responsibility

The conversation ultimately pointed toward a broader definition of financial health and a shared responsibility for achieving it. Governments can create enabling policies and strengthen social protection; financial institutions can develop products and incentives that respond to customers’ actual needs; philanthropic organizations can take risks and share lessons; and civil society organizations can bring community knowledge into larger systems.

All of us can use the data and evidence we already have to understand what works and inform better policy and practice. The question Tia Hodges posed at the beginning of the event captures the challenge ahead: “How do we ensure financial health is a shared responsibility across institutions?” Answering it will require moving beyond access and beyond individual programs toward systems that help people not simply survive uncertainty, but plan, adapt, and thrive.

————–

Salud financiera en un mundo incierto: de la resiliencia individual al cambio sistémico

¿Qué significa la salud financiera en un mundo en el que las familias están afrontando el aumento del costo de vida, los impactos climáticos, la volatilidad económica y futuros cada vez más inciertos?

Esa fue la pregunta central de “Salud financiera en un mundo incierto”, un evento paralelo a la Asamblea General de las Naciones Unidas, organizado conjuntamente por Trickle Up y MetLife Foundation el 17 de septiembre. Líderes de la filantropía, los gobiernos, los servicios financieros, la investigación y la sociedad civil se reunieron para explorar cómo podemos avanzar más allá del acceso financiero hacia un bienestar financiero significativo y duradero, particularmente para las mujeres que viven en situación de pobreza.

A lo largo de la conversación, un mensaje quedó claro: construir salud financiera requiere más que resiliencia individual; requiere sistemas más sólidos.

5 conclusiones clave de la conversación

1. El acceso a los servicios financieros es solo el punto de partida.

Durante años, la inclusión financiera se ha centrado en determinar si las personas pueden acceder a servicios como cuentas bancarias, crédito y seguros. Estos servicios siguen siendo importantes, pero Tia Hodges, Presidenta y Directora Ejecutiva de MetLife, enfatizó que la salud financiera significa tener la capacidad de gestionar las finanzas cotidianas con confianza, recuperarse de imprevistos y planificar para el futuro.

2. La resiliencia no puede ser una responsabilidad individual.

Una mujer puede ahorrar y planificar para el futuro, pero lo que experimente después de que ocurra un desastre también depende del ecosistema que la rodea. ¿Puede acceder a financiamiento de emergencia? ¿Los mercados siguen funcionando? ¿Los sistemas de protección social responden? Como destacaron los panelistas, la resiliencia individual y la resiliencia sistémica están profundamente conectadas.

3. Un ingreso estable es fundamental para la salud financiera.

Los productos financieros no pueden abordar todas las barreras para la seguridad financiera. Gabriela Zapata, de BFA Global, lo expresó de manera sencilla: “Un ingreso estable es un requisito previo para la salud financiera”. Para las personas que viven con ingresos bajos o volátiles, construir salud financiera requiere enfoques que fortalezcan los medios de vida junto con las capacidades financieras y el acceso a productos pertinentes.

Esto es fundamental para el trabajo de Trickle Up. Lauren Hendricks, Presidenta y Directora Ejecutiva de Trickle Up, señaló que las mujeres con las que trabaja la organización “son muy conscientes de los riesgos que enfrentan a diario”. El objetivo es brindarles las herramientas para gestionar esos riesgos y crecer “desde una posición de fortaleza y estabilidad”.

4. Necesitamos pasar de los programas individuales al cambio sistémico.

Los programas exitosos de inclusión económica pueden demostrar qué funciona, pero una resiliencia duradera requiere ecosistemas más sólidos. Alfredo Esparza, Presidente de Fundación MetLife México, planteó la cuestión de cómo pasar “de iniciativas individuales a soluciones escalables”.

Para Trickle Up y sus socios, esto significa extraer aprendizajes de programas como CRECE en México y Colombia y pensar en cómo pueden contribuir a sistemas más amplios que apoyen la inclusión económica y la salud financiera de las mujeres, ya sea mediante la ampliación de alianzas con organizaciones pares, la colaboración con gobiernos locales para influir en cambios de políticas, u otras vías. Nalleli Garcia, Directora de Fundación MetLife México, subrayó el punto: “Una sola intervención o proyecto no va a crear resiliencia”.

5. Las personas más cercanas a los desafíos necesitan tener voz en la creación de soluciones.

Las organizaciones que trabajan directamente con las comunidades tienen un papel importante que desempeñar para llevar las experiencias y los conocimientos de las mujeres a los responsables de formular políticas, las instituciones financieras y otros tomadores de decisiones.

Garcia describió a Trickle Up como un posible “puente” entre las mujeres de las comunidades y las organizaciones y gobiernos que necesitan escuchar sus perspectivas. Gabriela Zapata también enfatizó que el profundo conocimiento de Trickle Up sobre la vida financiera de las mujeres debería compartirse más ampliamente, con el fin de enseñar a organizaciones pares cómo implementar programas eficaces de inclusión económica y servir como un efecto multiplicador para estos esfuerzos.

Una responsabilidad compartida

En última instancia, la conversación apuntó hacia una definición más amplia de la salud financiera y hacia una responsabilidad compartida para alcanzarla. Los gobiernos pueden crear políticas favorables y fortalecer la protección social; las instituciones financieras pueden desarrollar productos e incentivos que respondan a las necesidades reales de sus clientes; las organizaciones filantrópicas pueden asumir riesgos y compartir aprendizajes; y las organizaciones de la sociedad civil pueden incorporar el conocimiento de las comunidades a sistemas más amplios.

Todos podemos utilizar los datos y la evidencia que ya tenemos para comprender qué funciona y orientar mejores políticas y prácticas. La pregunta que Tia Hodges planteó al comienzo del evento resume el desafío que tenemos por delante: “¿Cómo podemos garantizar que la salud financiera sea una responsabilidad compartida entre las instituciones?”. Responderla requerirá ir más allá del acceso y de los programas individuales, avanzando hacia sistemas que ayuden a las personas no simplemente a sobrevivir a la incertidumbre, sino a planificar, adaptarse y prosperar.

Trickle Up is a global anti-poverty nonprofit. Trickle Up’s mission is to partner with women in extreme poverty to build economic opportunity and drive inclusion

Related Story

Strengthening Local Systems: Trickle Up’s Journey Working with Municipalities in Guatemala 

In Guatemala, Trickle Up has spent more than 15 years supporting people who face the greatest barriers to building sustainable livelihoods, with a particular focus on rural and Indigenous women, single mothers, and people with disabilities.   Over the past...