On a warm day in Playa Grande Ixcán, a new kind of marketplace took form. Tables lined a local community center, covered with baskets of eggs, handmade accessories, baked goods, cleaning supplies, and neatly folded clothing. Behind each table stood a woman ready to explain what she had made, how she made it, and why it mattered.
This was the first Entrepreneurship Fair for women participating in PROINSA, Trickle Up’s local economic inclusion initiative in Ixcán, Quiché. For many of the women involved, it was the first time their work had been displayed publicly, beyond their homes, neighborhoods, or immediate networks.
Now, businesses that had been growing quietly over months and years stepped into the open. Backyard poultry projects, food preparation, tailoring, and small retail ventures were no longer just household strategies for getting by; they were enterprises with names, prices, and customers.
During the opening remarks, one participant, Albina, reflected simply on what her business meant to her: “Having my own business motivates me; the fruits of my efforts are my own.” Her words were echoed by others and resonated with attendees from the community, municipal offices, and local organizations.
A Marketplace Built on Community
As visitors moved from stall to stall, the fair felt less like a market and more like a small, likeminded community. Twenty-eight women proudly presented their products with confidence and care, explaining processes, negotiating prices, and offering advice to one another along the way. Conversations flowed easily about suppliers, challenges, and small successes that might otherwise go unnoticed.
The pride was evident, not only in the products on display, but in the way the women spoke about their businesses and their plans for the future. A strong sense of solidarity emerged amongst the women, celebrating one another’s displays of fresh produce, traditional textiles, baked goods, and more.
Making Space for Collaboration
The fair was made possible through close coordination with the Municipal Office for Persons with Disabilities (OMD). From the preparatory commissions to the final evaluation, the help of municipal representatives and local organizations sent a clear message: that these women’s economic efforts are part of the broader fabric of the community and its future.
This type of recognition matters. Being seen, not only by neighbors, but by local institutions and officials, helped reinforce that these enterprises are viable, valued, and worth investing in.
Into the Future, with Hope
As the fair came to a close, the feeling in the air was not of an ending, but a beginning. Post-event reflections revealed eager interest from external partners to replicate and expand similar events in the future. New training needs were identified to ensure that local government support can grow alongside these businesses.
The event also helped Trickle Up identify participants interested in continuing into the next phase of programming, opening the door for new learning, experimentation, and growth.
In the end, the Entrepreneurship Fair was not defined by how much was sold, but by what was affirmed. When women are given the space to test ideas, share their work, and connect beyond their immediate circles, they can change their own lives and transform communities. The stalls may have been packed up, but the confidence, relationships, and momentum built that day remain, carried forward by each woman who stood behind her stall and by the community that showed up in support.
Más que un mercado: una comunidad construida por mujeres
En un día cálido en Playa Grande Ixcán, tomó forma un nuevo tipo de mercado. Mesas alineadas en un centro comunitario local estaban cubiertas con canastas de huevos, accesorios hechos a mano, productos horneados, artículos de limpieza y ropa cuidadosamente doblada. Detrás de cada mesa había una mujer lista para explicar qué había hecho, cómo lo había hecho y por qué era importante.
Esta fue la primera Feria de Emprendimiento para mujeres participantes de PROINSA, la iniciativa local de inclusión económica de Trickle Up en Ixcán, Quiché. Para muchas de las mujeres involucradas, fue la primera vez que su trabajo se exhibía públicamente, más allá de sus hogares, vecindarios o redes inmediatas.
Ahora, negocios que habían ido creciendo silenciosamente durante meses y años salían a la luz. Proyectos de avicultura en patios traseros, preparación de alimentos, costura y pequeños comercios ya no eran solo estrategias domésticas para salir adelante; eran emprendimientos con nombre, precios y clientes.
Durante las palabras de apertura, una participante, Albina, reflexionó de manera sencilla sobre lo que su negocio significaba para ella: “Tener mi propio negocio me motiva; los frutos de mi esfuerzo son míos”. Sus palabras fueron compartidas por otras mujeres y resonaron entre asistentes de la comunidad, oficinas municipales y organizaciones locales.
Un mercado construido sobre la comunidad
A medida que los visitantes recorrían los puestos, la feria se sentía menos como un mercado y más como una pequeña comunidad afín. Veintiocho mujeres presentaron con orgullo sus productos, con confianza y dedicación, explicando procesos, negociando precios y ofreciéndose consejos mutuamente en el camino. Las conversaciones fluían con naturalidad sobre proveedores, desafíos y pequeños logros que de otro modo podrían pasar desapercibidos.
El orgullo era evidente, no solo en los productos exhibidos, sino en la manera en que las mujeres hablaban de sus negocios y de sus planes para el futuro. Surgió un fuerte sentido de solidaridad entre ellas, celebrando las muestras de productos frescos, textiles tradicionales, productos horneados y más.
Creando espacio para la colaboración
La feria fue posible gracias a una estrecha coordinación con la Oficina Municipal de la Discapacidad (OMD). Desde las comisiones preparatorias hasta la evaluación final, el apoyo de representantes municipales y organizaciones locales envió un mensaje claro: que los esfuerzos económicos de estas mujeres forman parte del tejido más amplio de la comunidad y de su futuro.
Este tipo de reconocimiento importa. Ser vistas, no solo por sus vecinas y vecinos, sino también por instituciones y autoridades locales, ayudó a reforzar que estos emprendimientos son viables, valiosos y dignos de inversión.
Hacia el futuro, con esperanza
Al llegar a su fin la feria, la sensación en el ambiente no fue la de un cierre, sino la de un comienzo. Las reflexiones posteriores al evento revelaron un gran interés de socios externos por replicar y ampliar iniciativas similares en el futuro. También se identificaron nuevas necesidades de capacitación para asegurar que el apoyo del gobierno local pueda crecer junto con estos negocios.
El evento ayudó además a Trickle Up a identificar a participantes interesadas en continuar hacia la siguiente fase del programa, abriendo la puerta a nuevos aprendizajes, experimentación y crecimiento.
Al final, la Feria de Emprendimiento no se definió por cuánto se vendió, sino por lo que se afirmó. Cuando se les brinda a las mujeres el espacio para poner a prueba ideas, compartir su trabajo y conectar más allá de sus círculos inmediatos, pueden cambiar sus propias vidas y transformar comunidades. Puede que los puestos se hayan desmontado, pero la confianza, las relaciones y el impulso construidos ese día permanecen, llevados adelante por cada mujer que estuvo detrás de su mesa y por la comunidad que acudió a apoyarlas.


